La estructura dentada cierra sus fauces sobre la carne,
despedazando lo que queda fuera de lo que fuimos
El tiempo se cristaliza y en la casa se cierran las ventanas
y las puertas,
aislando sin-sentidos que por puro azar derraman
incertidumbre en calles diseñadas a punta de lápiz, olvidando que eso del
papel, el abecedario y la caligrafía son también una ficción
Como si la extrañeza que recordara nuestra ilusión mereciera
silenciarse por el peligro de que los gritos perforaran paredes blancas y
llegaran a aceras para rebotar con transeúntes que siguen desollando la planta
de los pies con la seguridad de los pasos
El encierro parece ser la solución que se pronuncia antes de
ser enunciada, y la vida palidece entre cuatro paredes,
la vida se ahoga y se
estremece,
la vida lucha,
la vida se desvive
luchando
Rascacielos
de concreto emergen como árboles
Y en
cada esquina cíclopes de ojos rojos se apostan como centinelas que introducen
una pausa a la inercia del cuerpo impidiendo el suicidio colectivo,
al
tiempo que la agonía se desliza entre ríos de metal cuyo murmullo de bocinas
develan el descontento de las conglomeraciones
¿qué
es la normalidad sino aquello que justifica el recorte de todo lo que sobra?
Te pregunto y rehúyes a las respuestas con desaires,
atribuyendo esa intuición de verdad a lo delirante, refugiándote así en tu
propio delirio
Aquello
que promete la salvación de la muerte, luego de unir desobediencia y castigo
El único futuro posible pareciera ser el olvido y me
sostienes la lengua y la anudas a un mundo que siempre está por delante de mí y
que jamás arriba,
Esa ilusión de mejoría que quizás es lo único que nos
sobrevive
(O a lo mejor creer en un mundo diferente es signo
patognomónico de la locura)
El silencio sella nuestros labios formando peces que
vociferan palabras que el agua ahoga con su peso,
y es que cabe preguntarse si es que ya no es demasiado
tarde. Si es que acaso la locura no a se ha vuelto contra sí misma y si el
encierro no se ha vuelto piel y huesos,
Si es que no somos nuestra propia cárcel
Así, erramos como personajes ficcionados en un mundo que
incomoda y que a ratos pareciera ser en la medida en que no somos.
La locura asusta por lo sencillo, por lo absurdo, por lo
certero
Por fabricar quijotes que sueñan con imposibles,
(quizás los únicos de todos nosotros que todavía sueñan al
margen de las apariencias y obligaciones,
de este sopor insoportable que es a veces el sentido común)
¡Silencio!
Hagamos un desfiladero de cuerpos
sin cuerpos que entre medio de la podredumbre se apropien del olor putrefacto y
lo encarnen en sus huesos restregándonos el hedor de nuestra cultura de mierda
Privemos de privacidad, privemos
de trabajo,
¡Privemos sus cuerpos y vendámoslos
al mejor postor! al tiempo que disfrazamos esa mano de obra barata con la
palabra caridad
Demos sedación a la novedad
Sedación a la certeza
Sedación a los sentimientos
Sedación a los órganos
Sedación a la mente
Sedación a la sedación
Que la ciencia tome los cuerpos y
los diseccione,
Que electrificados pierdan entre
espasmos la capacidad de levantarse sobre sus propios miembros y la modorra cosa
con hilo y aguja los segundos, los minutos y las horas
Que la historia se retuerza en su
propia vocalización enrolándose entre un ayer y un hoy que se esfuma con cada
quemadura del cigarrillo
¡Guardemos silencio ante la
tortura!
(Al fin y al cabo, es lo único que
nos mantiene cuerdos)
que la normalización sea la vara
sobre la cual “la cura” sea un ideal mesurable,
y que el encierro sea su contrapunto,
el hogar de “los enfermos”
Y es que ¿qué otra cosa queda si
no adaptarse?
No hay lugares para aquellos que
crean lugares diferentes
No hay lugar […]
Y entonces sobreviene el temor de escuchar y encontrar
esquirlas de verdad en sus palabras y ver por un breve instante el mundo desde
el cual viven la vida
para no
regresar…
Y ahí esta el peligro: en lo liberador de la locura.
Y entonces nos percatamos que la
locura esta más acá de lo que parece: en cada ciudad con sus centinelas, en
cada pueblo y sus aceras, en cada religión con sus creencias
Siglos han tenido que pasar para
elaborar el delirio más complejo de todos:
Lo que distingue lo que y lo que
no es
Esa mentira de mierda de aquellos que nos piden adecuarnos a
una realidad que nunca fue suya ni nuestra y que alguien dice que es de todos,
Esos que lucen las marcas de Caín en sus ojos.
Dime cómo acaso me puedes mirar a
la cara
Dónde quedaron tus mentiras y tus negocios si el hombre por
el hombre es una máxima obsoleta y tu boca no deja de escupir vituperios que
hablan de ser cuando todo ya ha sido
Dime cómo es que acaso te autoproclamas como el único cuerdo
cuando fue precisamente tu cordura la que gestó como madre
arrepentida a tus hijas bastardas
¡La Locura!