Ahora no sabe si le teme o lo quiere.
El tiempo a veces resulta ineficaz para maquillar algunas cicatrices. Esas que provienen de heridas profundas y que sus caricias algunas veces develan. Maldice esas noches en que sus besos dejan un dejo amargo en su boca, y en que sus dedos al rozarle el cuello, reviven el nudo en la garganta.
Sus gritos, el golpe y ella, ella con sus lágrimas, el dolor del sexo.
Sus manos en el seno desnudo, el quiebre de la voz, el del alma, la muñeca rota… embestida
Y odio al mismo llanto que no se lleva nada, ni siquiera la sensación, la maldita suciedad que lleva impregnada en el cuerpo.